Editorial: Algunas reflexiones sobre el trabajo no reconocido y las consultorías “de onda”

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Hace un tiempo compartí un artículo sobre ese curioso fenómeno de pedirle a alguien que trabaje gratis bajo la excusa de “tomar un café e intercambiar ideas”. Varias personas que conozco personalmente me escribieron preocupadas pensando que me estaba refiriendo a ellas o a nuestros intercambios; me sentí muy mal por haber causado esa reacción en gente que quiero, porque no era en absoluto el caso, pedí disculpas y les expliqué el tipo de actitudes a las que me refería, dando ejemplos más concretos que los que podía mencionar públicamente.
Ahora tenemos la suerte (?) de tener un ejemplo clarísimo y paradigmático de aquello a lo que me referí ese día. La semana pasada recibí el siguiente correo via FB en esa bandeja donde llegan los mensajes de gente que no conocés (dato importante: no conozco a esta persona, ni siquiera sigue virtualmente mi trabajo). Saco las referencias personales pero no corrijo la falta de mayúsculas ni la brevedad y torpeza general del texto, que parece escrito desde la última fila de un colectivo justo cuando pasaba por un pozo:

Hola, Moira mi nombre es [NOMBRE, SIN APELLIDO], trabajo en el area de diversidad sexual del ministerio X.
te escribo para compartirte una investigacion sobre condiciones sociosanitarias de [POBLACIÓN X] en ARgentin
sería genial si nos devolves una lectura critica si se puede
te paso el pdf

FIN DEL COMUNICADO. Nótese la falta de un “gracias” o de una mínima caricia como para entrarle al pedido (sigo tu trabajo, me gustó lo que dijiste en tal texto, me recomendó tal que me dijo tal cosa de vos, etc. y por eso me interesa tu perspectiva sobre este tema -tiro las sugerencias para quienes hagan este tipo de pedidos en el futuro-). Hasta aquí el ejemplo: a esto me refería. Ahora, para quienes tengan tiempo y paciencia, quisiera compartirles algunas reflexiones al respecto.

Las personas que trabajamos temas que “están de moda” como es el caso de género/diversidades (no lo digo despectivamente sino como una descripción: estos temas están de moda) recibimos este tipo de solicitudes TODO EL TIEMPO. Incluso las reciben personas desempleadas, precarizadas, excluidas del sistema laboral tanto privado como estatal; considero que en esos casos -que aclaro no es el mío- esta explotación no rentada ni reconocida es mucho más grave. Esto es lo que quise denunciar en aquel posteo sobre “tomar un café”:
-Un pedido donde podemos suponer que se valora la trayectoria de la persona a la que se lo pide (por algo me convocan), pero se la desprecia a tal punto que ni siquiera se dice gracias ni se explica por qué esa perspectiva sería útil.
-Una persona que tiene un puesto en una institución (estatal en este caso) y cobra por ese puesto, y recibirá reconocimiento individualmente o como equipo con ese trabajo, le pide a otra persona externa que trabaje para ella, sin ofrecer ninguna forma de compensación económica ni de ningún otro tipo. Evidentemente mientras más personas formadas y responsables participen, mejor será el resultado, lo cual redundará en prestigio y beneficios para la persona que lo pide/sus superiores/su equipo, pero no para quienes trabajaron silenciosamente para mejorar el producto. También permite que ese equipo siga funcionando quizás sin personas que sepan sobre los temas que están investigando (no sé si será el caso aquí, pero lo es en otros que me constan). Mauro Cabral y Blas Radi han escrito mucho sobre estas tareas de “consultoría buena onda” en DDHH; Macarena Marey viene denunciándolo respecto de la explotación de las mujeres en la academia.
-En el mensaje no se explicita cuáles serían las condiciones del trabajo, si será rentado o no (una breve consulta posterior a la que no recibí respuesta me hace suponer que no), ni cómo figurará mi nombre, etc. Como dije en otro posteo quejoso hace todavía más tiempo, estas cosas las tiene que poner sobre la mesa quien solicita los servicios, en lugar de ponernos a nosotres en la situación de preguntar si habrá condiciones dignas de trabajo como si fuera limosna.
-Tampoco se explicita para qué se usará esta investigación (además de para la foto), ni si mis observaciones pueden resultar efectivamente en la mejora del documento o si voy a trabajar al pedo. Esto también pasa mucho: nos preguntan a quienes somos críticxs, pero luego no están dispuestxs a incorporar las críticas, ya sea porque individualmente no están de acuerdo o porque “políticamente no da”. ¿Pa qué tú me invita si sabe cómo me pongo?
-Tampoco se especifica quiénes han “colaborado” y en calidad de qué (rentadxs, no rentadxs, con o sin autoría, en qué etapa del proceso, etc.). Esto tiene ante todo dos problemas: a) Si un estudio/investigación sobre una población no involucra desde su concepción a representantes de esa población que estén formadxs y que tengan voz y voto (no meramente gente amiga que diga a todo que sí o “tokens” que casualmente tienen esa identidad y pasaban por ahí) esa investigación no sólo será científicamente deficiente, sino que además será cuestionable desde el punto de vista ético y muy probablemente también sea inútil y hasta contraproducente. Por eso necesitamos saber quién participó para ver si queremos invertir nuestro tiempo y poner nuestro nombre en eso. b) Muchxs de nosotrxs sabemos que hay personas al lado de las cuales no nos interesa aparecer, por diferencias éticas e ideológicas fundamentales (no estoy hablando de conventilleo ni politiquería, sino de dignidad humana). Por eso también es aconsejable que cuando nos invitan a un panel, libro, taller, etc. nos indiquen a quién más han invitado o piensan invitar.
(Hay otras cosas relacionadas puntualmente con este documento pero no voy a entrar en esos detalles para no spoilearles la autoría.)

Espero que estas ideas sirvan para las personas e instituciones que quieren trabajar en colaboración con quienes investigamos y producimos desde hace años sobre temas que ahora resultaron estar “de moda”, con las ventajas y desventajas que ello implica.