Editorial, 14: Inmigración, respetabilidad y xenofobia

Recientemente, la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires difundió un estudio que demuestra que lxs extranjerxs que estudian en la UBA dejaron 10.113,4 millones de pesos en la ciudad en 2017, esto es, un 0,52% del Producto Bruto Geográfico de CABA. La UBA está realizando una campaña de difusión de los resultados (un ejemplo en la imagen de abajo), con un claro -aunque no explícito- mensaje anti-xenófobo.

Tengo sentimientos encontrados con esta campaña.

Me parece muy bien que desde en Económicas se hayan propuesto hacer este estudio, y que la UBA difunda sus resultados con orgullo. Después de todo, siempre es mejor tener datos duros para responder a las críticas, aunque esta estrategia no necesariamente funciona cuando nuestrxs interlocutores no buscan argumentos sino tener razón (el documental sobre terraplanistas en Netflix, que no dejo de recomendar a quienes les interese la epistemología y la filosofía experimental, habla precisamente de eso).

UBA Campaña estudiantes

Pero por otro lado, creo que estos discursos alimentan el fantasma de “extranjero bueno es el que aporta al país”, que a su vez viene con su lado B “extranjero que no aporta, afuera”. ¿No estamos dando argumentos para que las personas/partidos/etc xenófobos fundamenten la expulsión o no admisión de personas que “no van a aportar” al país? ¿No es esto un buen recurso para quien quiera decir “a quienes vienen a usar nuestros hospitales hay que cobrarles”?
Hace un tiempo tuve varias conversaciones sobre este tema en ocasión de la expulsión de Vanessa Gómez Cuevas, que tras 15 años en la Argentina fue deportada supuestamente por haber cumplido (sí, cumplido) una condena por venta de estupefacientes varios años antes. Dejaron a dos de sus hijos en Argentina; se la llevaron con el que tenía con ella cuando la fueron a buscar. Simultáneamente en Gran Bretaña se dio una discusión similar por una deportación masiva de inmigrantes Jamaiquinxs que habían cumplido distintos tipos de condenas.

Creo que hay un vínculo entre las deportaciones de personas fundamentadas en su respetabilidad, el cobro de tarifas para extranjerxs en servicios que en la Argentina son no arancelados, y por supuesto el racismo imperante en el saber popular que “clasifica” inmigrantes según su país de origen (tales son “muy trabajadores”, tales son “unos vagos”, tales otros son “todos transas”). Todas esas ideas y prácticas están atravesadas por la noción de que la permanencia en un territorio y el acceso a los servicios que ese país ofrece están supeditados no sólo al estatus migratorio de la persona (algo con lo cual tampoco concuerdo), sino también con su “conducta”. Como si los derechos fueran un bien de intercambio: trabajá en un empleo legal, pagá impuestos, dejá plata en el país, adaptáte a nuestros modos, y entonces tal vez te permito que accedas a esa prestación. No, gente, los derechos son DERECHOS, no BENEFICIOS. Y las personas tienen derechos PORQUE SON PERSONAS.
Tenemos que tener mucho cuidado con la retórica que adoptamos para atacar la xenofobia, el racismo y el nacionalismo. Quizás en algunos casos la retórica de la respetabilidad funcione como argumento a favor de la circulación humana, pero en otros funciona en contra. Tenemos que hacer un uso responsable de los datos que obtenemos (que, como dije, me parecen muy importantes) y qué hacemos con ellos. En el caso de Gran Bretaña, se estableció en seguida el contraste entre este caso de “migrantes delincuentes” y uno que sucedió el año pasado, el Windrush Scandal, cuando se deportó a inmigrantes que “aportaron mucho” a la reconstrucción del país luego de la Segunda Guerra Mundial. Los discursos que utilizaron gran parte de las organizaciones sociales para intentar frenar aquellas deportaciones del 2018, fueron muy efectivos para respaldar la deportación de las personas devueltas a Jamaica.
Las intenciones nos dicen mucho acerca de las políticas y las iniciativas de los movimientos sociales, sin duda. Pero no olvidemos evaluarlas también -y quizás ante todo- por sus efectos reales.