Acerca de las microagresiones y “unir los puntos”

Conecte los puntos
Una diferencia fundamental entre ser víctima y ser perpetradore de una microagresión, es cómo se interpreta ese acto y en qué contexto.
Las personas que suelen ser discriminadas u oprimidas en razón de su identidad, estatus etc. sufren innumerables agresiones (micro y macro) todos los días, y llegan al momento de la microagresión con todo ese bagaje. No es la primera vez que les pasa eso, y su experiencia les permite “conectar los puntos” para interpretar que esos incidentes no sucedieron por azar, y que lo que tienen en común es su identidad.
La persona que en ese mismo incidente ocupa el lugar de perpetradora, por el contrario, no tiene ese bagaje de experiencias y no tiene “puntos” para conectar. Juzga su acción de manera aislada y sin el contexto de la violencia (racial, sexual o lo que sea) en el que se inserta; lo ubica, por el contrario, en el contexto de su propia auto-percepción como una persona decente, éticamente buena, comprometida con los valores de la igualdad y la dignidad de todas las personas. En ese contexto, leyendo sus acciones a través de la lente de su intención y de manera  aislada, no puede más que concluir que tal microagresión no existió.
Se transmite este mensaje a la persona víctima de la microagresión, y así el círculo se cierra: una vez más, otro “punto” para sumar al patrón de todos los anteriores, otro evento en el que se suceden el acto, la negación del acto, la invalidación de la interpretación de la víctima, y la reafirmación moral de quien lo realizó.
Y del otro lado, el agotamiento de seguir sumando puntos en ese mandala que se hace cada vez más aplastante, más visible para sí, y más invisible para el resto.