Editorial, 4: Por una Vergüenza y un Orgullo Interseccionales

*

Finalmente llegó el gran Día del Orgullo, y empezaron a circular los saludos de “feliz día”, las convocatorias a fiestas de canilla libre, y las fotos de arco iris.  Pero ¡atención! porque, como Aaron Tallis nos advierte, “debemos recordar que los arcoiris son en realidad nada más que luz blanca refractada”… En esa misma dirección de alerta fueron los primeros posteos de esta Columna Editorial (primero, segundo y tercero).  Hoy, el tono es un poco más personal, pero igualmente vergonzante.

El año pasado, para la Marcha del Orgullo de la Ciudad de Buenos Aires, junto con algunxs compañerxs nos propusimos hacer algo respecto de esa disconformidad permanente que muchxs sentimos año tras año en relación con el evento, y nos planteamos qué hacer si nos parece que la marcha está despolitizada [*]. Tal vez podamos plantearlo en términos de: “contra la homo-transfobia externa: orgullo; contra la normalización/lavaje/discriminación interna del movimiento: vergüenza.”

 

marcha del orgullo 2013 Taller de Teoría Queer

El día mismo de la Marcha nos juntamos para pensar consignas alternativas a la de la Comisión Organizadora de la Marcha, que giraran en torno al eje de la “vergüenza” para contraponer un poco de cuestionamiento al espíritu de festejo y despolitización que ocupa cada vez más este evento (acá y en todo el mundo). Llegamos a la plaza con varias proclamas y ahí se incorporó más gente con más ideas. Finalmente, tras un rato de charla, trabajo y mate, los carteles y pegatinas incluian:
“Vergüenza: La ley de identidad no está reglamentada en salud”
“Vergüenza: lo puto (torta/trava/trans) no quita lo facho”
“Vergüenza: No hay inclusión sin accesibilidad”
“Alerta: La cárcel no es la solución, es el problema”
“No sonria: Proyecto X nos está filmando”
“Vergüenza: te pagan por casarte, te condenan por abortar”.
marcha del orgullo 2013 Taller de Teoría Queer
La idea de proponer consignas que abordaran distintos flancos era, precisamente, resaltar la necesidad de pensarnos en conjunto con otros ejes, otras luchas de las que sería necio (o negligente) pensarse aisladxs. Diversidad funcional, migración, movimientos sociales de base, censura, abolicionismo penal, entre otras, son áreas problemáticas debido a las mismas estructuras de poder y de interés (del Estado, de los gobiernos locales, de mucho activismo/militancia lgbt, de gran parte de la academia, etc.) que excluyen y violentan cotidianamente a la comunidad lgbt.
Posteriormente, en el FB se comenzó a difundir un recorte de las imágenes originales de nuestra participación, en el que se veía sólo una de las consignas, aquella referida a la Ley de Identidad de Género y su falta de reglamentación (también se eliminó a algunas de las personas que participaron – paradójicamente, aquellas que habían formado parte de la lucha por la Ley. Pero el tema del borramiento de la agencia dentro del movimiento da para otro artículo entero…).  Si bien la urgencia de la reglamentación de la Ley de Identidad es innegable y absolutamente escandalosa (y, a mi criterio, debería haber sido el lema principal de la Marcha del año pasado), de todos modos esperaba que la difusión de lo que hicimos en la Marcha se acompañara de la reflexión sobre un espectro más amplio de temas que nos convocan, y sobre los que podemos tener incidencia desde nuestros espacios.
A fin de cuentas, ¿qué nos hace pensar que tenemos que tener más en común con una persona que comparte nuestra sigla (una persona L, o G, o T, o B) que con cualquier otra persona que está pasando por una situación similar a la nuestra? Y entonces, ¿qué me obliga a aliarme – acríticamente, claro – con un*s y desentenderme de l*s otr*s?
Ojalá en este 2014 hayamos aprendido algo.
[*] ACTUALIZACIÓN: Tras haber leído esta nota de Scott Long me retracto: no es que la marcha no esté politizada, es que se politizó para otro lado, más invisible pero más poderoso. Citando a su vez a Huw Lemmey, Long explica: “Es incorrecto decir que [la Marcha de] el Orgullo es ahora un evento despolitizado: está más politizado que nunca.  Ha sido entregado al servicio de la ideología dominante, y por eso es más difícil distinguirla de las crueldades e injusticias de la vida cotidiana.  Hemos perdido el Orgullo.”
(Fotos: Riot Gaa)

*

 

Anuncios