Editorial, 2: Sobre la Vergüenza, de nuevo

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Seguimos avanzando (¿o retrocediendo? retrocediendo seguramente sí) hacia el Día del Orgullo, y seguimos con los aportes de quienes vienen pensando la actualidad más en términos de Vergüenza que de Orgullo.

Hoy quisiera compartir algunos fragmentos de Dean Spade, un autor que me sugirió Blas Radi cuando empecé a trabajar sobre el tema del sistema penitenciario.  Spade es abogado, teórico y activista de EEUU, impulsor del Sylvia Rivera Law Project (hoy una organización sin fines de lucro de y para personas “trans, de bajos recursos y de color”), y viene desarrollando el proyecto de una “política trans” (excelentemente explicada en este video con subtítulos en castellano). Entre otras cosas, esta política trans cruza identidades trans con instituciones opresivas y violentas tales como la prisión y las leyes de inmigración, siempre desde una perspectiva de activar concretamente en nuestras comunidades sobre la base de aquello que desarrollamos en palabras/artículos/libros.  Gran parte de ese desarrollo tiene que ver con pensar adónde ha llegado el “movimiento lgbt” y qué renuncias o concesiones hizo en el camino – básicamente, el sacrificio del bienestar – o incluso la vida – de las personas que la pasaron mal y siguen pasándola mal aún a más de 40 años de Stonewall.

Dean Spade trans política stonewall

Dean Spade, en Impossibility Now: “Necesitamos una política trans crítica y con discernimiento”

“Mientras escribimos esto, personas queer y trans a lo largo de los Estados Unidos y muchas partes del mundo acaban de celebrar el 40º aniversario de la Rebelión de Stonewall.  En esa noche de Junio de 1969, marginales sexuales y de género se levantaron contra la continua y brutal violencia policial, en un inspirador acto de desafío.  Estxs tempranxs luchadorxs por la libertad sabían demasaido bien que el NYPD [departamento de policía de Nueva York] – “Lo mejor de Nueva York” – era la primera línea de amenaza contra la supervivencia queer y trans.  Stonewall fue la culminación de años de dominación, resentimiento, y levantamientos en numerosas comunidades marginales que llegaban a una nueva conciencia de la profundidad de la violencia cometida por el gobierno contra las personas pobres, personas de color, mujeres, y personas queer tanto dentro de las fronteras de EEUU como en alrededor del mundo. (…)

¿Podrían haberse imaginado estxs activistas pionerxs y en muchos casos no homenajeadxs, que sólo cuarenta años después la agenda “oficial” de los derechos gays sería mayormente pro-policía, pro-cárceles y pro-guerra – exactamente las fuerzas contra las que ellxs trabajaron tan arduamente?  Tan sólo unas pocas décadas después, los brazos más visibles y mejor financiados del “movimiento LGBT” se asemejan mucho más a una sesión de estrategia corporativa, que a un movimiento de base por la justicia social.  Hay un sinfín de ejemplos de este cambio dramático de prioridades.”

“Para cada vez más personas queer y trans, más allá de su estado matrimonial, no hay herencia, no hay beneficios de salud por parte de lxs empleadorxs, no hay un estatus de inmigración legal, y no hay una protección del estado respecto de nuestra relación con nuestrxs hijxs.  Cuatro décadas después de que las personas queer y trans tomamos las calles tirando tacones, botellas, ladrillos, y cualquier otra cosa que tuviéramos para mantener lejos a la policía, la palabra oficial es que, excepto por el hecho de que no podemos casarnos ni formar parte del ejército, somos básicamente libres, tenemos seguridad e igualdad.  Y aquellxs de entre nosotrxs que no lo tenemos, debemos simplemente esperar a nuestro turno hasta que las ‘batallas de prioridades’ sean ganadas por aquellxs abogadxs y lobbistas generalmente blancos, masculinos, de clase alta, que nos conocen mejor que nosotrxs mismxs.”

Dean Spade (en co-autoría con Morgan Bassichis y Alex Lee).Building an abolitionist trans queer movement with everything we’ve got” en Eric Stanley y Nat Smith (eds.) (2011). Captive Genders. AK Press.

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