“La Silla”, por Florencia Chistik

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Florencia Chistik, quien hizo el Taller en 2014, nos compartió este texto que escribió acerca de la experiencia de andar en silla de ruedas por este mundo. Una lectura fundamental para ir más allá de “el problema es que las calles no tienen rampa”, y comenzar a pensar en nuestras propias prácticas y preconceptos.

Agradezco a Florencia la generosidad de traer el escrito y de permitirme compartirlo acá.

¡La idea es que circule y sirva!

Silla de Ruedas Prejuicios discapacidad*

A nivel físico y arquitectónico, las calles no tienen rampa y si las tienen, están mal hechas, están rotas o tienen un auto estacionado en frente. La mayoría de los lugares tanto públicos como privados, tienen escaleras en la entrada y/o adentro (inclusive algunas instituciones médicas). Tampoco hay baños adaptados, lo cual, en algunos casos, es bastante más grave que el hecho de que haya una escalera.
Los medios de transporte no están preparados, el subte en la mayoría de las estaciones no tiene ascensor, o no funciona o está en pésimo estado. Casi tampoco hay salva escaleras y, cuando hay, o está fuera de servicio o, cuando funcionan, la velocidad a la que están programados para bajar y subir es EXAGERADAMENTE lenta y te hacen perder muchísimo tiempo. Y los taxis y los colectivos ponen excusas (sin siquiera saber cómo es tu silla de ruedas, ellos asumen que son todas iguales y que vos no te podés mover) para no llevarte o directamente “hacen como que no te ven” y no te paran.

Pero todas estas trabas están íntimamente relacionadas a otras barreras de las que nadie habla que son las socio-culturales, éstas tienen que ver con la idea y concepto que se tiene a nivel colectivo sobre la diversidad funcional. La gente en general tiene toda una serie de preconceptos, tabúes y prejuicios (la mayoría sin sentido y muy retrógrados) que le hacen dar por sentado que la diversidad funcional engloba personas que tienen todas un mismo conjunto de características personales, clase social, vestimenta, sexualidad, etc. que son así por el hecho de tener alguna diferencia funcional.
Aquí algunos ejemplos de cosas que la gente asume: (basado en experiencias propias):

  •  Es pobre, indigente, o de clase baja.
  •  Es de personalidad frágil, buena, honesta, respetuosa, temerosa, sumisa y débil.
  •  Es menos inteligente o tiene algún retraso mental y/o problemas de comprensión.
  •  Es vieja (de edad mayor).
  •  Es virgen.
  •  Es heterosexual.
  •  No tiene amigxs.
  •  No sale de noche.
  •  Es fea.
  •  Seguro quiere tener hijos pero no puede.
  •  Se enamora a primera vista (no tiene sexo de una sola noche, porque es virgen).
  •  Es de ideología política conservadora o de derecha.
  •  No toma alcohol, no fuma tabaco, mucho menos marihuana.
  •  Es religiosa, cree en Dios (Católica o Cristiana).
  •  Se viste de forma sobria y recatada.
  •  Escucha música pop y/o melódica (probablemente en español).
  •  No puede moverse y no tiene sensibilidad de la cintura para abajo.
  •  Las personas con diversidad funcional son personas “especiales”.


De estas “creencias populares” sobre cómo somos o cómo deberíamos ser las personas dentro de la diversidad funcional, deriva la forma en la que el resto de la gente interactúa con nosotres.

Ejemplos de situaciones (basado en experiencias personales):

#1. Estaba en un café charlando con una amiga y se acercó una señora que estaba sentada en la mesa de al lado a preguntarle a mi amiga si yo era “nena o nene” y si éramos hermanas, para luego mirarme, sonreírme, pellizcarme el cachete e irse.

#2. Estaba vestida arreglada, para salir a una fiesta, en una esquina tomando un café (¡¡de Starbucks!! ¡carísimo!) esperando a una amiga para irnos y alguien pasó y me tiró monedas adentro del vaso.

#3. Toqué la puerta en un negocio para preguntar cuánto estaba un vestido que había visto en vidriera, y cuando me abrieron la puerta me quisieron dar plata.

#4. Estaba en la parada del colectivo con una amiga y una mujer (de unos 30 años aproximadamente) se acercó y nos preguntó si éramos amigas o hermanas; cuando dijimos amigas, la mujer le palmeó el hombro a mi amiga y le dijo “Ay, qué buena persona que sos”.

#5. Estaba en una esquina leyendo un mensaje de texto y alguien intentó cruzarme la calle, sin preguntarme si quería hacerlo.

6#. Día de por medio me paran testigos de Jehová para decirme que “Jesús me va a curar”.

7#. Estaba en un boliche, un chico se me acercó para “chamuyarme” y cuando le dije que no estaba interesada porque en ese momento sólo salía con mujeres, me dijo: “¿En serio? Pero vos decís eso porque no tenés sensibilidad ¿No? Si estuvieras con un chico capaz sentirías algo”.

8#. Estaba hablando por celular en la calle y pasó una persona extraña y me dio un beso en el cachete.

9#. Estaba esperando que cambiara el semáforo para cruzar la calle y una señora me preguntó si necesitaba ayuda para cruzar la calle, le dije: “No, gracias señora, me arreglo” y ella me dice: “Ay, pero qué valiente que sos ¿A quién vas a votar? A Michetti, ¿no? Con las cosas maravillosas que hizo”.

10#. Le pedí ayuda a un colectivero para bajar del bondi y mientras me bajaba (de mala gana) me dijo: “Si sos discapacitada no podés andar sola, tenés que tener un acompañante”.

10#. Estaba en el colectivo y un señor me pregunta si bajaba por adelante o por atrás y le digo:
Yo: Por adelante, es más fácil.
Señor: ¿Y podés solita?
Yo: Ahora le pido ayuda al colectivero…
Señor: Claro, ya estás acostumbra
dita ¿No?

[odio ese diminutivo. La gente tiene muchos problemas]

11#. Estaba en la entrada de un boliche y el de seguridad me pregunta:
Seguridad: ¿Tenés 18?
Yo: Sí, igual te muestro el documento.
Seguridad: No, dejá, no hace falta, yo confío en vos.

12#. Crucé la calle y había dos señoras hablando paradas en la rampa; les digo:
Yo: Permiso, están mal ubicadas ahí.
Señoras: ¿Querés que te ayudemos?
Yo: No, no necesito ayuda, quiero que se corran de la rampa.

13#. Ir por la calle, en pleno verano, con ropa corta, apretada, dejando a la vista piercings, tatuajes, maquillada, etc., con ropa juvenil y que la gente te diga:
“Abuela, señora ¿Quiere que la ayude?”

14#. Querer cruzar la calle y que haya un auto estacionado en la rampa:
Yo: Estás mal estacionado, no se estaciona en la rampa.
Señor: Bueno, pero no pasa nada, es un minuto, me compro un café y lo saco eh.

Y así hay millones de anécdotas de situaciones cotidianas en las que me encuentro con las barreras físicas que me impone la arquitectura negligente de la ciudad, y con las otras barreras (que, en mi opinión son las peores), los prejuicios irracionales, ignorantes y estúpidos de la gente. Entonces, hasta que no haya un cambio a nivel social y cultural de la concepción que se tiene de la diversidad funcional, todos esos prejuicios y esa discriminación se van a seguir viendo reflejados en la falta de accesibilidad a nivel arquitectónico.

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