“Visibilizarnos o no visibilizarnos. Esa es la transcuestión”, un “Travalenguas” por Karen Bennett

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Reproduzco este brillante texto de la artista Karen Bennett, presentado en la columna “Travalenguas” del programa radial “El Vahido” (programa nº 153 del 06-04-2014). Más sobre ella en la página de Karen.

  “¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad

 ….y si no me ves ¿qué onda? ¿No me ves porque suponés que no existo, porque decidís que es mejor para vos que yo no exista? ¿Porque no me querés mirar, o porque puede llegar a darte pánico aquello tuyo que estás viendo a través mío?

 

                                    Visibilizarnos o no visibilizarnos. Esa es la transcuestión

Atenti. No voy a comenzar con el PowerPoint LGTB, que sin dudas es crucial para nuestro colectivo en territorio potencialmente heterohostil. Ese lo exhibo a diario en la calle y en mis shows dentro de circuitos normativos. Acá voy a intentar algo mucho más difícil: limpiar nuestra ropa interior, o mejor dicho, pegar un avisito de consorcista en el espejo del ascensor de este edificio que diga:  Recuerde Ud., esta casa la hacemos entres tod*s, por tod*s y para tod*s.

Considerá esto que sigue como el lanzamiento inminente de una jugadora de bowling inexperta. Jugadora aficionada, apasionada, impredecible, pero justamente por todo ello, letal. Una chimpancé con una ametralladora… cargada, y con suerte de principiante. Y entonces lanzo al bulto; y mientras el bolón se desliza hacia su destino inexorable, te cuento.

 “Bulto” llamo yo a ese manojo de personajes que se apropiaron de nuestra T de trans, y de las identidades inscriptas dentro de esa T. Personajes que manipulan, teorizan, empatizan, simpatizan, visibilizan, invisbilizan, queerizan apadrinando-amadrinando a la comunidad  trans bajo sus butlerísimas preciadísimas alas protectoras anti patriarcales. La sobreprotección fémina del anhelado matriarcado, que culminará girando a vuelta campana en 360 grados sobre la lápida del patriarcado .  Y allí decide por nosotr*s, sobre nosotr*s, para nosostr*s, pero por sobre todo SIN nosotr*s, y  se asegura por supuesto de llegar antes que nosotr*s para hablar de nuestros asuntos, cuando de incluir la temática trans en la conversación cis se trate.

Y así, cuando finalmente nos toca hablar a las personas trans sobre nuestra propia temática, ya habrán llegado cuanto menos 50 opiniones “cis-calificadas” previas. Psico-psiquia-antro-filo-opinología cis-hetero-gay-lesbo-queer. Calificadísim*s tod*s.  Aquella conversación cis en donde se cocina el negocio y sus regalías para decidir qué hacer con quienes estamos casualmente fuera de su negocio. El negocio de gerenciar nuestra inclusión sin nuestra intromisión , y que nunca estemos sol*s a la hora de  hablar, por las dudas… A rodar mi vida, ahí va el bolón directo a voltear muñecos. Porque ahora voy a trans-calificarlxs yo.

Ilusas personas trans. Cuando hablaban de nuestra inclusión, no se referían a la inclusión social, ni a nuestra competencia, sino a la de incluirnos en su cis-agenda de conversaciones, charlas y tesis.  Nos están incluyendo en sus monografías, no en su negocio, sí en sus reportajes, pero no en su redacción. La visibilización consiste en el avistaje “trans a la vista”. Nos están saludando efusivamente desde sus balcones, pero nunca nos invitan a subir. Y yo vi luz…y ya sabés el resto.

 

Si bien es cierto que tu libertad termina donde empieza la mía,  mi identidad termina donde empiezan tus fobias. El punto es ¿cual está primero en la pirámide?.  No nos apuremos. De momento estamos en el pantano.

En este mundo, y en cualquier otro en el cual habite una especie como la nuestra, por las dudas, es recomendable cuestionar el amor por la diversidad antes que se largue a llover, porque para empezar arrancamos con el miedo existencial, y consecuentemente el amor al ilusorio salvavidas temporario del poder. Y el poder no se ejerce sin obediencia. Se puede ser diverso en todo, menos en la obediencia y en el ejercicio vertical del poder. Qué paradoja, ¿no?  Ubicá a una identidad trans en este escenario inmóvil, y verás que indefectiblemente lo más aconsejable es tenernos lejos… o abajo

 

Como en el sabio juego de la silla, cuando se termina la musiquita, cada cual se abalanza sobre el asiento desocupado, de los cuales, al igual que en la vida, hay siempre uno menos que participantes.

Pero permitíme bajar un rato la bandera de los colorcitos de la diversidad e izar la siguiente reflexión anarco-disidente en su lugar, por un rato nomás. Después si querés subimos la bandera oficial nuevamente y no molestamos la continuidad del sistema, o mejor dicho volvemos a izar la bandera que el sistema nos dio para identificarnos en otra de sus categorías. La de la diversidad.  Claro, no les queda otra. La diversidad es un espejismo que inscribe identidades, sexualidades y cuerpos no normativos, haciéndonos firmar un contrato de obediencia, y parándonos al final de la cola… o poniendo la cola que es lo mismo. Es un “cis-ellos que incluye a un trans-nosotr*s”. No al revés. Salvo en mi travalenguas.

 

Lo siento, yo nunca más voy a hablar de diversidad. Yo hablo de disidencia.  O se es disidente o se es obediente. Y no me vengas con grises trans acá.

Es cuestión de números. De relaciones costo-beneficio. Esta máquina que nos gobierna no tiene vida, ni sentimientos de amor, ni de odio. Eso si, está programada para generarlos en nosotrxs. Ella solo ve un market share, lo identifica con su mira, y lo convierte o bien en un mercado tangible, o como mercado residual.

 

Te doy un ejemplo reciente y de alcance mediático nacional. Pocos meses atrás, la más famosa, pero a la vez políticamente menos comprometida de las  celebridades transargentas, Florencia Trinidad, experimentó en carne propia los cálidos efectos de visibilizarse “transmente” en el mundo hegemónico normativo. Visibilización trans en aquel sector social en donde todo es heteroblanco, cis-pulcro, homo-puro, judeocristiano y patriar-caro. La visibilización trans en el universo del caniche toy jugueteando con un Rottweiler (caniche toy castrado para evitar la copulación y las consecuentes crías transcaninas impuras, aclaro).

Flor parecía haberse puesto a tiro con los beneficios de la gente hecha y derecha. Fotito con el opus dei en revista Gente, niños comprados en EEUU, rubios, bonitos, y nombres monegascos… bien normativos como Paul e Isabella. En Fin….Por fin una trava hablando boludeces y conduciendo un programa tan de mierda como todo el resto, a la altura de la teleaudiencia descerebrada del sórdido horario del mediodía. Todo en sintonía y en familia. Una Mirtha con verga contándole chismes a conchas jubiladas, o aburridas, o desempleadas, o todo eso junto.

Ocurre que Flor se creyó que ese espacio se lo había ganado gracias a su talento, simpatía y personalidad, y que ya nada ni nadie detendría el amor incondicional entre ella y su público. Había logrado apartarse invisibilizando todo vínculo con la comunidad trans, haciéndose amiga de cuanta doña Rosa y Neki Galloti se encontrara por ahí.  Pero un día, una sola vez, nuestra Maru Botana con manija, tomó la desacertada decisión de defenderse públicamente de una broma violenta y transfóbica, lanzada por supuestos colegas y personajes mediáticos que, escarbando un poquitín, de heteronormativos tienen poco y nada. De inmediato el sistema le hizo notar a Flor, en qué eslabón de la cadena alimentaria se encontraba. Y se la lastraron sin masticar. Fue un fondo blanco de yogurt bebible.  De pronto el mundo cis hetero, puto, cometrava, transfriendly de la TV se puso de acuerdo en destrozarla con unanimidad, sin necesidad de interconsulta previa. Se les prendió el mismo chip a tod*s juntos a la misma batihora y en todos los baticanales. La luz roja del batitubo contra la amenaza de la bestia anormal es motivo de hermandad cis.  Una trava había desafiado la jerarquía hegemónica cishetero y a sus amigos maricas chupamedia chupavergaconcha sábana y funda y cubrecama…. y la expulsaron del club. “Ella debería estar agradecida de gozar de ciertos privilegios y no estar parada en la zona roja con el resto de las chicas” dijo Beto Casella.

 

Y vos criatura non-cis, que ahora estás asintiendo mientras te cuento esto ¿te creés que estás a salvo dentro del colectivo LGBQ? Tiene otros matices, es más solapado, no tan alevoso y no sale por TV. Pero mirá que la T nunca va a estar al principio del acrónimo diverso. El mundo LGBQ tiene muchos mas amigxs transfriendly viviendo de la T, que personas trans comiendo de ella .

 

Todo el mundo es transfriendly, hasta que de repente, por algún imperdonable despiste del personal de mantenimiento, una rajadura en los impenetrables muros de las jerarquías del sistema, permite que una persona trans (femenina o masculina) se infiltre para competir por un espacio cis. Porque el guiño de la empatía cis a las personas trans es vertical, paternal, maternal y tutorial. Ahora, cuando la T viene bien preparadit* y capacitadit*, se fruncen todos los ojetes, y las sonristas se convierten en muecas. 

Si hay algo más agraviante para este modelo que una verga cediéndole la batuta a una concha, o una concha pretendiendo el lugar de una verga, es  una concha que no se deja penetrar, o una verga que se rehúsa a penetrar.

 

Por eso no te preocupes querid* compañer* trans. Tenemos a nuestras cisamistades trans friendly….. ¿Cómo que  quienes son? Gente cis que “en realidad se siente trans”, pero que ya tiene tanta deconstrucción encima que no le hace falta “parecer para ser”. Leyeron tanto a Butler y a Preciado y al posestructuralismo que ahora volvieron al reinterpretar el psicoanálisis Freudiano para seguir “siendo sin necesitar parecer”. Gente tan pero tan queer que hasta parecen cisnormales, mirá vos.  No me digas que nunca te topaste con un*. Es tu angelito de la guarda.

Don’t fuck with me. Fuck me en todo caso y garpame, así le pago a mi cisamigue lo que le debo. Porque toda persona trans necesita tener su testaferro cis, como un vampiro necesita su asistente diurno. Porque si no tenes a tu cisamigue no podes ser trans. Si no, cómo hacés para sobrevivir… en horario hábil lejos del bosque?. Vos no entendés. Los cisamigues son inflitrad*s nuestr*s en el sistema. Son nuestros James Bonds, agentes secretos para la transmisión cisposible.

Tu cisamig* trans te saca de tod*s los apuros. Estudia periodismo por vos, filosofía y letras por vos, psicología por vos, antropología, se lleva premios por sus monografías transhumanistas y hasta hace militancia y activismo por vos. Labura por vos, cobra sueldos por vos. Es tan guach…eh gauch* que te hace reportajes gratis; y si es muy pero muy generoso, escribe una tesis sobre vos y te la lee como epitafio en tu entierro tras tu suicido, o muerte por sobredosis o SIDA, o cualquier deceso que vos elegiste de tu inventario trans.  Y por todo ese laburo no te cobra un solo centavo, o te cobra tan barato, que yendo a la zona a hacer tres petes diarios a $50 cada uno, lo tenés laburando para vos el resto de tu vida.

Amar es humano che, pero petear es divino…

Ups, impacto del bolón  

Strike….?

Nos vemos en el próximo travalenguas

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