Nota sobre machismos en relación con la campaña de Schneider

.varon bonito es el que cuestiona sus privilegios

Esta semana se lanzó en la Argentina una campaña de repudio a una publicidad de la cerveza Schneider, en la que se “juega con” y justifica el acoso callejero.

En ese contexto se circuló via FB un texto sobre las masculinidades no machistas, y las posibilidades de alianzas entre varones y mujeres en pos de una sociedad no sexista. 

Creo que tiene algunos puntos que podrían haber sido desarrollados más inteligentemente, pero de todos modos sirve para lanzar una necesaria reflexión al respecto.

¿Todos los varones son machistas? No, claro que no.
¿Todos los varones machistas aceptan ser machistas? ¡No! ¡Jaja! ¡Claro!
¿Todos los machismos son iguales, o sea todos los varones machistas son igualmente machistas? No, claro que no.
¿Todos los varones son conscientes de cuan machistas son o no son? No. No todavía, es una materia de reflexión nueva y resistida, o mejor aún, no promovida por nadie todavía.

Y ahora lo interesante.
¿Todos los varones no machistas lo enuncian activamente? ¿Actúan en voz alta su buena identificación con el universo de derechos de las mujeres? ¿Protestan contra el secuestro, la trata, la prostitución o la cosificación que íntimamente rechazan? No, casi ninguno.
¿Por qué podría ser esto? Por temor, por culpa, por vergüenza, por miedo de parecer calzonudos, o poco masculinos, por miedo de perder levante (no olvidemos que se les machaca desde que nacen con que van a levantar siendo machos brutos toscos y que el objeto de su cacería entendida como su deseo debe ser de tal y cual manera), por ignorancia y a veces porque las circunstancias no son propiciatorias.
Ese es el colectivo interesante. El de los varones no machistas.
Al varón facho y corto de entendederas como la mujer facho corta de entendederas, es agotador dirigírsele. Dejémoslos por ahora de lado porque la modernidad puede dar cuenta de ellos y la Ley les dará palo en la cabeza cuando se zafen.

Hablemos entonces de y con aquellos que no son machistas, que no creen que la mujer deba tener menos derechos que los hombres, porque de eso se trata todo.

Nadie renuncia fácilmente a un lugar de privilegio, y aún para el hombre más desempoderado de la tierra queda claro que en términos de fuerza física y de poder simbólico está del lado del 50% de la población que la tiene más larga.
Vino con su nombre, como la herencia inesperada de una tia lejana, estaba allí, “no tengo nada pero ligué este cheque que guardaré preventivamente cuando alguna cisrcunstancia darwiniana me obligue a blandirlo para la supervivencia de mis intereses”.
¡Aún para defender los intereses de una mujer querida le van a ser útiles sus atributos de macho llegado el caso!
Y, de nuevo, no hay una persona que renuncie así nomás a los atributos de su pequeño o gran poder.
¿Cuándo se renuncia? Cuando existe la convicción de que puede haber una alternativa de escenario superador del escenario de poder en el que nos tocó aparecer, léase “mundo machista” para un muchacho no machista, inteligente, relajado y con buena relación general con el mundo de las mujeres.
Esta convicción hay que construirla.

Cuando algunos hombres descubren 1) que están parados en un universo de injusta simetría respecto de las mujeres; 2) que no son culpables en tanto individuos de está arbitraria construcción histórica; 3) que la verdad de la milanesa es que las tres veces en las que estuvieron enamorados hasta las pelotas de una mujer, en cuarto grado, en la facu o ahora en la cocina de su casa, esta mujer que les resulta deseable, linda, tierna, genial y conmovedoramente única e irremplazable no es la modelo de una publicidad de bombachas y que así, con su naríz, piel, pelo, cuerpo, es como las han deseado con total y real calentura; 4) que todas sus mujeres queridas, familiares, amigas valiosas, compañeras de laburo, han sido por igual puestas sin excepción en algún momento de sus vidas en el lugar de evaluación que el patriarcado se encarga de actualizar inmanentemente; 5) que esto no ha sido NUNCA algo que contribuyera con la felicidad y la dignidad de estas mujeres; 6) que algunas mujeres se animan a patalear y que sistemáticamente el elástico sostén del sistema las rebota al último rincón de la habitación con argumentos que ellos no comparten en su fuero más íntimo por la obviedad de su maldad y su imbecilidad (“¡Cómo se ve que te hace falta una poronga, GORDA!”); 7) que esas mujeres que se alzan solas buscan miradas solidarias alrededor y se entristecen de que sus compañeros no hablen entre ellos en el laburo, en el bar, en el chat o donde fuera de Marita Verón y las otras miles de pibas violadas y vendidas; 8) cuando estos hombres descubren que el argumento de Kunta Kinte se parece bastante al de la lucha invisibilizada por los derechos de cada nena cada mujer cada vieja; 9) cuando descubren que la matrix es un poroto al lado de la naturalización y penetración del discurso patriarcal en TODA la producción discursiva social; 10) cuando se animan a pensar que tal vez esa vez en la que le pagaron a una prostituta en realidad estuvieron extorsionando a alguien que no saben con claridad porque motivo estaba allí chupándoles el pito; 11) cuando descubren que las mujeres los festejamos y los bien recibimos cuando son solidarios ; 12) cuando descubren que su participación es significativa y cambia eficazmente el peso en la balanza; 13) cuando se dan cuenta de que quizás ellos también han sido víctimas de un sistema groseramente cruel y –desde una perspectiva eficientista- absurdamente anacrónico que nos deja a todos más solos; 14) cuando descubren que probablemente esa construcción que hemos dado por válida nos hace sentir mal respecto de lo que somos, hombres y mujeres, ante el espejo íntimo de nuestra valoración personal; 15) ¡Y QUE YA FUE SUFICIENTE CON SIGLOS DE COMER OBEDIENTEMENTE TANTA MIERDA!, entonces, estos hombres, se liberan.
Cuando algunos hombres descubren todo esto y descubren que descubrirlo no hace que se les desmoronen todas las certezas sobre su sexualidad y la historia del mundo, se acercan a nosotras, las eternamente acusadas de gordas feas lesbianas narigonas resentidas amargadas solas perdedoras, enfin: feministas.

La campaña de repudio a la naturalización del sexismo está directamente vinculada al repudio que algunos manifestamos por todo lo que alienta la soledad creciente de las ciudades, vinculada a denunciar la construcción social del fracaso del encuentro profundo entre hombres y mujeres, vinculada a la preocupación por saber el hecho de que muy hermosa gente se sienta sola a la noche en su cuerpo, en su pecho, no entendiendo por qué no hay alguien allí para acariciar el cuerpo y el alma real que nos costó una vida dotar de hermoso sentido existencial.
La campaña de estos tres últimos días ha sido un mar de amistad entre los sexos. Yo lo festejo. Por mí. Por mi compañero. Por mi hijo. Por mis amigas. Y por todos mis amigos. Por el amor real entre hombres y mujeres. Porque la heterosexualidad está en crisis por haber quedado en manos de una terminal triste y maniquea del sistema capitalista que nos ha quitado libertad y la posibilidad de desnudarnos y amarnos y cuidarnos, hombres y mujeres, en goce hondo, en felicidad y en respeto.
Bravo y gracias mujeres despiertas y varones despiertos por estar cada día más despiertos y de nuestro lado que es el mismo lado de la cama.
Flor

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