“Hoy es el primer día en mi nuevo departamento”, por Tânia Pinafi

El trabajo final de Tânia Pinafi, quien compartió con nosotrxs el taller de Otoño/2012, es este texto breve llamado “Hoy es el primer día en mi nuevo departamento”.

Hoy es el primer día en mi nuevo departamento. No lo elegí por el costo-beneficio, había departamentos mejores, sino por el olor de los árboles de manzana que sentí así que crucé la puerta.

Ay, costo-beneficio y manzanas…

A mí me gustaba cuando las manzanas organizaban mi mundo, pero eso pasó hace mucho tiempo… Es un recuerdo de un tiempo en que yo, como una salvaje, vivía a trepar en los árboles, bajo la mirada incrédula de mi mamá y mis tías.

Che!

Las tías!

Las mías no dejaban nada a desear frente a los mayores generales. Si mi mamá me dejaba ser toda deseo, mis malditas tías eran la personificación de la censura con sus látigos verbales siempre listos para latir sobre nosotras, a mí mamá y yo. Sin saber éramos cómplices en secreto. Jamás charlamos sobre eso, excepto por un recuerdo u otro que mal empecemos a hablar y… ya no callamos. Pero, qué sé yo. En aquél momento el deseo era todo lo que conocía y me gustaba muchísimo vivir bajo su placer. No conocía la idea de que chicos y chicas tienen que presentarse de modos distintos, y cuando lo supo, me pareció una tontería sin tamaño.

Tal vez porque mi mamá nunca fue una grande admiradora de las faldas, brillos, corpiños y depilación, comprendía me en mi el deseo de estar libre de todo eso.

Mujer inteligente mi mamá, qué mismo sin saber lo que significaba heteronormatividad no le gustaba la educación que mis tías intentaban imponerme, y, desconfiaba de los roles de género tan estrictos. Por ella yo podría consumir los dos, indistintamente, y durante algunos años me aproveché de eso. Mi yo era un cuerpo con otros cuerpos, algunos de carne y huesos, otros no. Todos los cuerpos me parecían lindos, nadie me era monstruoso.

Ya hoy, los cuerpos que mi gustan son exactamente los monstruosos, ya que desean un deseo que es subversivo al ordenen de lo que es socialmente deseable.

En un momento dónde se espera que las personas deseen las mismas cosas, en que hay todo un modelo de la existencia perfecta, de la casa concepto, de la pareja ideal, y así sigue. La mayoría de las personas creen que su deseo cabe en ese mundo, no cuestionan si sus deseos son fabricados en una línea de producción capitalista o no. No les importa.

Todo está bien, y si no está, da le un poquito de fármaco al cuerpo que todo va a quedar bien. Bueno, pero también hay que preguntar. ¿Hacemos lo que de hecho queremos hacer? ¿Dónde está mi deseo? ¿Está mi deseo de acuerdo con lo que hago yo en ese momento? Fabrico yo a mi mismo o ¿soy fabricado por un Gran Hermano de George Orwell? Tantos fantasmas, tantos miedos, tanto dolor y tanto placer, y tanto hambre. ¿Dónde están mis manzanas?

 

Tânia Pinafi

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